Querida Esperanza:
Voy a contarte una cosa, una cosa que nunca le he contado a nadie, pero que hoy dejará de ser un secreto. Cuando era niño, tuve un sueño, un sueño del que no quería despertarme. En ese sueño estaba de pie y podía caminar sin tener que depender de una silla de ruedas, entonces emprendí mis pasos hacia un lugar en el que he estado muchas veces, un hospital. Entré con temor por todo cuanto había visto las veces que había ido allí despierto, pero en aquél sueño todo era diferente. La chica de la recepción sonreía cuando se dirigía a los familiares de los pacientes, cada vez que señalaba el ascensor o las escaleras diciendo el número de la habitación donde se encontraba su ser querido. Los familiares reían felices, y yo sin entender nada decidí subir tras ellos por las escaleras, y al llegar al pasillo vi como la mujer que siempre iba en silla de ruedas se ponía de pie y podía caminar, vi como un niño que parecía haber estado enfermo, reía con las mejillas sonrosadas mientras que ataba a su cabeza un pañuelo de pirata con el que se cubría el corto cabello, echando a correr después hacia los brazos de su madre, vi como una mujer que debía haber estado muy enferma, estaba ahora sana y radiante, vi como una chica que estaba en coma, se despertaba sonriendo al respirar el aroma de las rosas que su amado la ponía entre las manos, vi como un anciano sin recuerdos recordaba, vi como un chico que había perdido la visión tras un accidente, volvía a ver, vi como una niña que tenía los huesos de cristal, era ahora fuerte y estaba sana. Entonces escuché por megafonía que en lugar de pedirse silencio, se pedían risas, y la voz de la mujer que lo dijo que después contó los motivos de los nuevos ingresos… Un ataque de amor inesperado, un corazón lleno de taquicardías por un beso por sorpresa, una sonrisa impedecedera en los labios por el inicio de una amistad, un paciente con dolor de brazos por no poder dejar de abrazar a un ser querido, una mujer con las mejillas rojas porque su amado no había dejado de darla besos en todo el día, un niño lleno de ilusión porque había vuelto a creer en Papá Nöel… En ese hospital los únicos motivos de ingreso eran motivos felices, por eso seguí caminando y salí de allí, y me encontré con una calle llena de globos de color rojo, gris, plata, morado, perla, rosa, naranja, negro, y blanco que los transeúntes soltaban de sus manos hacia el cielo, se había acabado el sida, la diabetes, las discapacidades, el alzheimer, la esclerosis múltiple, las malformaciones genéticas, el maltrato animal, el terrorismo y todos los tipos de cáncer…. Seguí caminando hacia delante sintiéndome más feliz que nunca, y llegué a un país que llevaba muchos años en guerra. Escuché un toque de queda y vi a niños correr entre risas y alzar sus manos hacia el cielo, al que miré para ver como un avión bombardeaba pelotas de goma de diversos colores, y al mirar hacia un lado vi como muchos hombres construían nuevos edificios. El mundo estaba en paz, ya no había guerras, ni enfermedades, ni dolor ni hambre, pero entonces desperté en mi cama y todo era como antes de quedarme dormido. Dime mi querida Esperanza, que un día al despertar después de tener un sueño como éste, todo será igual que lo era dentro de él. Dime mi querida Esperanza que un día podré ser feliz y tener al alcance de mis manos todo lo que tienen los demás, dime que yo también podré hacer amigos, enamorarme, ser oceanógrafo, y volver a Dover. Dime que vas a acordarte de mí allá a donde vayas. Dime que le dirás de mi parte a la persona hasta la que llegues que él también tenga esperanza, y que sea muy feliz, que haga amigos, que se enamore, que sea lo que quiera ser, y que vuelva a algún lugar al que quiera volver. Dime que vas a tocar todos los corazones hasta los que llegues después del mío en el que desde hoy vas a quedarte para siempre. Dime que volarás…
Etiquetas: Brad Morningstar
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