America Ackerman

La esperanza me abandonó el mismo día que mis padres fallecieron. Me abandonó hasta tal punto que me dejó sumida en la oscuridad y, cuando pensé que había llegado esa persona que me devolvería a la luz, ocurrió todo lo contrario. Ese ser me empujó más al abismo si era posible, me transformó en una muñeca rota que veía pasar los días a través de su casita de juguete y que no podía hacer nada para detener el avance de las agujas del reloj. La esperanza se fue de mi lado cuando más la necesitaba y me acostumbré a vivir sin ella, pensando que para mí no podía existir algo tan hermoso como lo es la esperanza.

Durante todo el tiempo que duró mi particular calvario, me sentí un ser despreciable, insignificante y tan poca cosa como ese ser me decía que era continuamente. Una muñeca hinchable para sus antojos, un ama de casa para mantener cuidado su hogar, una cocinera para tener lleno su estómago… Pero no una amiga, una compañera, una amante… Era sólo un guiñapo, un mueble más del mobiliario excepto cuando tenía alguna frustración que pagar. Entonces, era una especie de saco de boxeo convertida en mujer.

Un día, gracias a saber qué, logré escapar de ese sufrimiento y comencé a contar mis días lejos de esa casita y ese ser que dudo que alguna vez me quisiera. Ya llevo cuatrocientos nueve días contados. Una vez, una chica con la sonrisa más triste que conozco, me dijo que la vida no se cuenta, que la vida se vive, pero para las personas que, como yo, se han olvidado de vivir y lo hacen con miedo e inseguridades, contar significa que sigues aquí, que sigues viva y que ese calvario no pudo contigo pese a todo el daño que una vez te hizo y, en ocasiones, te sigue haciendo.

Lamento que, quien tome esta carta detrás de mí, tenga que leer estas duras palabras escritas en un pergamino donde, hasta entonces, todo han sido deseos, ruegos y hermosas palabras hacia aquella que una vez me abandonó. Pero es lo que siento. Es lo que siente cada mujer, hombre, niño o animal maltratado. Yo he podido librarme de mis cadenas, pero hay muchos que aún siguen bajo el yugo de su maltratador particular y otros que han tenido la desgraciada suerte de perecer bajo sus manos, de que ese ser despreciable haya acabado con su vida de una vez por todas.

Por eso, le pido a la esperanza, que haga que esas personas maltratadas encuentren un día una ventana abierta, un cerrojo mal echado, una mano amiga, un teléfono sin desconectar, cualquier vía que les sea posible escapar de esa vida que nadie se merece, únicamente aquellos que ejercen el maltrato.

Le pido que no haya ni una más, ni uno más, ni un niño más ni ninguna mascota o animal más. Ya está bien de convertir en un calvario una vida, de contar los días en lugar de vivirlos como me dijo esa nueva amiga que ahora me llevo. Ya está bien de recibir abrazos que marcan, besos que duelen y palabras que destrozan. Ya está bien de que en este mundo existan personas que disfruten maltratando y que otras lo paguen por haber estado enamoradas un día, ser sus propios descendientes o sus pobres mascotas. ¡Ya está bien!

Esperanza, por favor, déjame vivir la vida a mí, y a todas esas personas, y haz que dejemos de contar para saber que estamos vivas.

Alice Carroll


Querida esperanza:

Te he encontrado, cuando no te buscaba. O quizás, me has encontrado tú a mí. O tal vez no nos hayamos encontrado ninguna de las dos, tan sólo he encontrado a las otras personas que, como todo el mundo, también te necesitan. He escuchado las voces de este lugar, todas las voces que te imploran aquellas cosas que aún tienen la esperanza de que se hagan realidad. Y he pensado que, la esperanza es algo que necesitamos para vivir, para seguir adelante, para continuar cuando ni siquiera sabes como seguir. Porque todos necesitamos la esperanza de creer que no podemos perder la esperanza, y que la necesitamos para seguir. Porque todos necesitamos la esperanza de que vamos a cumplir nuestros sueños, para poder hacerlos realidad. Y quizás sea fortuito que encontrara por casualidad a la esperanza, cuando sentía que ya la había perdido…

Y por eso te pido que nadie en el mundo pierda la esperanza, que al menos, les quede la esperanza de no perderla jamás. Que a nadie le rompan el corazón en pedazos tan pequeños que sea imposible repararlos, que a nadie se le olviden las promesas que juró cumplir, que nadie sufra por amar, que podamos aceptar que a quien tanto amamos, nos dejó de amar. Que todos sean capaces de comprender el dolor de todos, que no se juzgue la pena de nadie, ni el dolor de cada persona. Que podamos ser capaces de escuchar a quien no quiere hablar, de comprender a quien no se siente comprendido, de abrazar a quien siempre está sólo. Que los perdones no tengan tan buena memoria, que nos olvidemos de los rencores, que cuando alguien cierre la puerta para llorar, alguien la abra para secar sus lágrimas, que cuando alguien quiera estar sólo, otro se siente a su lado y le haga compañía. Que cuando alguien esté triste, alguien sepa verlo y le abrace, que cuando alguien no pueda hablar para contar algo, alguien lo sepa ver y lo cuente por él. Que no hayan más heridas por traiciones, ni más caídas por manos que no se ofrecen. Que todos podamos levantarnos porque tengamos a alguien que nos ayude a hacerlo. Que todos podamos amarnos sin miedo a ser odiados. Que nadie humille, maltrate, insulte ni dañe a nadie. Que todos respetemos a todos, se bese con quien se bese, se vista como se vista, rece a lo que rece. Que a nadie le culpen de cosas de las que no son culpables. Que a las personas no se las midan por tallas de ropa, ni se las valore por el maquillaje. Que se tiendan más manos que ropa, que se escuche más de lo que se oiga, que se hable más de lo que no se habla…

Que dejen de existir en los hospitales las plantas de cuidados paliativos. Que las madres no se mueran antes de ser ancianas. Que los padres nos duren toda la vida. Que los hermanos estén siempre a nuestro lado. Que los amigos sean siempre nuestros amigos. Que las discordias no se acaben con portazos, sino con abrazos. Que nos podamos poner en el lugar de nuestros enemigos y entender que no son tan diferentes de nosotros. Que a todo el mundo se le de la oportunidad de arrepentirse. Que tengan validez los borrones y cuenta nueva. Que se nos entienda incluso cuando nosotros no podemos comprendernos, que se entierren todas las hachas de guerra, que no nos curemos las heridas abriendo otras, que sepamos sanarnos las nuestras curando las de otros.

Y que toda la causa de la muerte, sea haber vivido. Que nadie tenga que contar sus días. Que los padres siempre encuentren el camino de vuelta a casa. Que las personas especiales no pasen tan rápido como algunos cometas. Que nadie encuentre dragones, y si los encuentra, sea capaz de domarlos. Que nadie se olvide de la vida. Que la vida no se cuente, se viva. Que todos cuidemos nuestra memoria, porque memoria somos. Que ninguna ciudad se quede sin su beso. Que nadie se olvide de nadie. Y que la muerte no exista, porque…

Lucy Weasley

Querida Esperanza, queridos amigos sin nombres y queridos amigos que están por venir para hacer de esta carta una Biblia, Corán, libro evangélico, cántico, salmo o proclamación a la Esperanza, dejadme comenzar mi propio capítulo con la frase de un hombre sabio a quién apodaron en su día “bulldog de Darwin”:

«Lo conocido es finito; lo desconocido, infinito»

Una cita simple, sin complicaciones, pero que abarca una verdad enorme y en la que la mayoría de nosotros creemos al formar parte de esta hermosa carta. Con ello, quiero decir que la Esperanza, la que proclamamos cada uno de nosotros en este escrito, es desconocida para el hombre. Es decir, no le damos un rostro aunque sí un nombre, ni una nacionalidad, tampoco un color de piel y mucho menos una religión, tampoco tiene un estado material y ni siquiera un lugar determinado donde poder encontrarla. La Esperanza es etérea, errante, invisible y sí, desconocida, pero «quedarse en lo conocido por miedo a lo desconocido, equivale a mantenerse con vida pero no vivir».

Sin embargo, es la Esperanza quién decide cuándo, dónde, cómo y por qué se deja ver. Yo la encontré cuando había dejado de buscarla, estaba abandonada bajo un banco de la estación del lugar en el que vivo. Y se me apareció perdida, desamparada y con miles de deseos a sus espaldas a los que pienso unir los míos, esperando que nuestra Esperanza sepa perdonarme aumentar su carga. Una carga que parece llevar feliz, porque son buenos propósitos, buenos deseos que convierten a todos los que escribimos en este pergamino en buenas personas.

Yo no pediré esperanza para mí, porque ella me ha enseñado que vendrá a mí cuando deje de buscarla, pero sí le pediré que no deje de aparecer en mi vida, que siga ahí, escondida, y cuando más lo necesite, venga a abrazarme con sus alas de ángel.

Le pido a la Esperanza que jamás abandone a mi chico, que permanezca junto a él, que su disputa con sus padres se esfume, desaparezca, y pueda contar feliz a su familia que está enamorado. Le pido también que sus padres acepten nuestro amor, que, por unos instantes, olviden su religión porque ni el amor ni la Esperanza dependen de ninguna creencia.

Pido también que los niños crezcan felices, que nada borre su inocente felicidad, ni siquiera el mal ejemplo de uno de sus padres que los quisieron dejar atrás. Pido que crezcan felices, que aprendan qué es el amor y admiren a esa madre, a ese padre, que ejerció ambos roles y que tanto ha luchado para construir ese mundo feliz en el que viven.

A la Esperanza, le suplico, más que le pido, que no abandone a esas personas hospitalizadas a las que ni su hijo va a ver. Que permanezca dándole la mano a esa otra persona a la que le queda un aliento de vida. Que sostenga entre sus brazos al que se recupera de una horrible enfermedad. Y que se instale en los corazones de todos aquellos que hacemos lo humanamente imposible para curar, sanar y animar, a todas esas personas que viven encerradas entre paredes blancas por culpa de algo incurable.

Pido que siempre sea Noviembre, que la Luna y las Estrellas nunca dejen de brillar, que el baile del amor sea eterno, que los deseos sigan cumpliéndose, que las lágrimas sean provocadas solamente por las risas y la felicidad, que los corazones no se rompan, que las guerras sean de almohadas y las batallas de besos.

Ashley Fleming

Te pido Esperanza que hagas acto de presencia en todos esos lugares que son consumidos por la oscuridad, donde el encierro y las sombras son más fuertes que los corazones e los seres humanos donde ésta alberga. Te pido que ningún niño sienta miedo y frío cuando las pocas luces que han podido iluminarles, se apaguen. Te pido que ninguna oscuridad sea más fuerte que una joya, ya que éstas están hechas de materiales preciosos y la oscuridad, de miedo. Nadie debería de sentir miedo en las sombras de la oscuridad por haber querido dar a quien nadie tenía una joya, no debería de existir la desesperanza en esos que por haber querido dar a quien merecía una buena mejor vida paguen tanto dolor consumiéndose en las sombras de las más absolutas de las oscuridades, la de pagar una condena demasiado larga entre las sombras para purgar un castigo que no debería haber sido tan fuerte, pues lo que no debería de existir serían las clases sociales. Te pido que barras las clases sociales que no existan en nuestro mundo, que un día tú que eres invisible pero indefinible para todos nosotros, logres que no hayan barrios desfavorecidos que todos sean un solo barrio donde poder vivir sea tan fácil como cerrar los ojos para un sueño. Que nadie tenga que andar por los tejados para no ser visto, que todo el mundo pueda caminar con los pies en el suelo y que vaya de la mano de quien vaya nadie sea criticado por caminar de una mano que un día hurtó para que alguien viviera mejor. Te pido que seas un soplo de aire y que te conviertas en un huracán para que desaparezcan esos lugares donde el hambre y el frío existe en esos lugares que hacen llamarse hogar para niños y lo que en realidad son el hogar del miedo de muchos niños. Te pido que te conviertas en tormenta para que nadie juzgue a nadie, que no se señale a ningún ser humano por ser diferente a la vista del resto, cuando quizá sean ellos los diferentes que no ven iguales a los que sí son como ellos. Pido que te conviertas en fina lluvia que caiga del cielo como un suave llanto y que bendigas a todos aquellos a los que les cuesta ponerse en pie para un nuevo día, que nada, ni nadie, los limite, que puedan ver la luz del sol aunque éste no brille en el alto cielo como otros días. Te pido que sean una fuerte tormenta para todos los que no ven la Esperanza, para los que han dejado de tener fe en ti, para los que empiezan un camino nuevo o empiezan una nueva vida de la mano amada. Pido que te conviertas en granizo para que sean golpeados los dedos que se levantan de las manos que juzgan duramente con criticas que no deberían de decir, esos dedos que señalan a las personas porque las ven diferentes. Que seas invisible y pintes sonrisas en los labios que se cansaron de sonreír, en esos labios que un día solo sintieron el sabor de las lágrimas que se posaban en ellos cuando caían de sus ojos. Solo te pido Esperanza que seas más fuerte que todos nosotros, esos que creemos en ti, que seas una dama de hierro aunque invisible pero omnipresente para todos los que no dejamos de creer en ti, y también para todos aquellos que un día creyeron en ti. A ti te pido por todos aquellos que con sus voces de tinta, sus gritos llenos de silencio, claman para ti para que el mundo sea un poco más justo en este injusto mundo que vivimos, y para mi te pido todas sus edades, todas mis edad, y que de las edades de ambos juntos, hagamos una edad única. Solo te pido querida dama invisible de indiscutible fuerza vivir todas esas edades…

Laura Sand

Querido desconocido. O desconocida. Yo soy la desconocida que tiene la carta de una Chica Normal que vive en su mundo, un mundo que quizá no conozcamoss o sí, que un día quiso escribir una carta, y que la quiso escribir a la Esperanza, y que tú dejaste en aquél lugar en que yo la encontré. Creo en la Esperanza, pero ahora que es mía, siento que puede escucharme, porque… ¿Cómo podrá la esperanza eludir a esas cuarenta y una personas que ya le han puesto nombre a su fe?

He sido afortunada, Esperanza, porque he encontrado una carta que muchos ya te han escrito. He tenido la oportunidad de hallar este mágico encuentro entre la humanidad y tú. Porque estás en todas partes y en cada hogar del mundo, porque toda tragedia necesita esperanza para sobrevivir a esta, pero nadie ha encontrado jamás el lugar en el que vives, el lugar al que será enviada esta misiva, y yo, sí. Esta carta no necesita un remitente. Ni siquiera necesita un matasellos para llegar hasta ti. Necesita la voz de toda la gente que te hable, porque a veces nuestra esperanza necesita de la esperanza de otros para ser real, porque la esperanza es algo que perdemos fácilmente si nadie tiene esperanza en nosotros mismos. Y yo formo parte de esta pequeña humanidad de cuarenta y una personas que han tenido la oportunidad de dirigirse a ti para pedirte Esperanza.

Esperanza… Yo pido esperanza para aquellos que temen a los hospitales, para los que no se atreven a decir lo que sienten, para los que echan de menos los abrazos de una madre, para los que creen en las segundas partes, para los que echan de menos el consejo de un padre, para los hermanos que se conocen a los diecisiete, para los que sacrifican su vida por la felicidad de otros, para los que se despiertan cada día con una sonrisa aunque estén rotos por dentro para que nadie más se rompa con ellos, para los que se enamoran después de haberse querido siempre, para los que se quieren después de no haberse querido nunca, para los que encuentran un hogar como el que siempre soñaron, para los que siguen buscando como descubrir un regalo que llevan teniendo mucho tiempo porque aún no saben lo que es.

Esperanza… Para esas sonrisas en dirección contraria, para esos besos llenos de sueños, para esas caricias llenas de miedos. Para que nadie pierda la fe en sí mismos, para que nadie se sienta inútil, para que todo el mundo se vea igual que todo el mundo, aunque seamos diferentes. Esperanza para que los sueños se puedan hacer realidad, para que los sueños no se nos queden atrapados en las almohadas, para que el mundo sea como los mapas, donde nunca hay guerras, para que los héroes de verdad, los que no llevan runas tatuadas ni brillan bajo el sol, los que no son ángeles caídos ni tienen poderes paranormales, se den cuenta de todas las cosas extraordinarias que pueden ser capaz de hacer sentir a otra persona, para que nadie tenga miedo a vivir, para que a nadie le de miedo sonreír, para que cualquier cosa que te digan, valga más que mil páginas de historia, que todos puedan ser capaces de amarse como son, sin tener que desear ser como las demás personas.

Esperanza… ¿A quién le pides tú Esperanza cuando necesitas Esperanza? Todo el mundo te necesita a ti, ¿a quién necesitas tú? Tal vez seas como el tiempo, que pasa a través de todos, aunque nadie pase a través de él. No te olvides de todos los que necesitamos esperanza para nuestras pequeñas grandes tragedias.

Rose Weasley

Solía creer que había mucho por descubrir de un mundo tan lleno de todo y falto de nada. Y llegas a mí, en forma de palabras en un pergamino dotado de tanta esperanza como la que llevas en tu nombre. Muchas manos te han escrito ya, muchos te han encontrado, te han dejado ir, te han enviado lejos y cerca. Y ahora estás aquí, conmigo, viendo el tiempo pasar mientras yo te escribo. Muchos te han perdido, otros, nunca han creído en ti y, los que te perdieron, en algún momento se culparon de ilusos, ingenuos, débiles, por pensar en tu existencia inexistente. Y, sin embargo, aquí estás, para cambiar los pensamientos del mundo. Jamás pensé que encontraría una carta dedicada a ti y a todos, dirigida a quienes te pedimos tantas veces que estés a nuestro lado. Muchos te pintan de color verde, otros te cantan, otros recurren a ti entre lágrimas. Eres la última sonrisa de muchos labios, la primera mirada de muchos ojos. Estás en el pensamiento de quien desea algo, en quien teme perderlo, en quien lucha cada día de su vida. Formas parte de todas las horas de nuestro tiempo, como el día o la noche.


Dime, esperanza, tú que siempre estás ahí aunque no te pueda ver, ¿te quedarás para siempre?

Nunca te había dedicado una carta por muchas que sean las veces que haya recurrido a tu salvador abrazo. Te he llamado, te he dejado entrar en mi vida y me has envuelto con tus alas. Y ahora me dejas pedirte… No te voy a pedir por mí, te voy a pedir por todos y solo encuentro una manera de hacerlo, Esperanza:

Creo en las primeras miradas, desde el inicio de la vida en ese momento único en que unos ojos nuevos en este mundo nos ven por primera vez. Creo en el amparo de unos brazos maternales. Creo en el tiempo, que pasa por nuestras vidas convirtiéndonos en quienes somos, haciéndonos crecer, enseñándonos cuánto cambia la vida, lo duro que es hacerse mayor. Creo en levantarse incluso antes de tocar el suelo. Creo en la superación, en la fuerza para no caer, en la valentía para seguir adelante, en el escudo para superar el dolor, en esa sensación de triunfo al conseguir lo que tanto se desea. Creo en los primeros besos, en el amor llenando el alma, creo en una guerra de besos y caricias, en un sueño interminable sin golpes, sin desprecios. Creo en las promesas que no encuentran final, que son irrompibles, que se mantienen intactas. Creo en un hogar para todos, en la inexistencia del hambre, en la satisfacción de no necesitar dinero para poder seguir adelante. Creo en la felicidad, la fidelidad, la ayuda, la justicia… Creo en los demás. Creo en el fin de la enfermedad, la guerra, el maltrato, la mentira, la crueldad, la homofobia, el racismo, el abandono, el suicidio, la traición, el asesinato…

Creo en la renovación que siente cualquier persona que creía llegar al final de su vida y vuelve a nacer.

Soy madre, soy hija, soy hermana, soy amiga… Tengo en mi vida mucho de lo que muchos carecen y de lo que otros muchos quieren carecer. Estoy segura de que vi los ojos de mi madre al nacer. He visto esa mirada nueva abrirse al mundo, cuando tomé en mis brazos a mi hijo. He sentido esa sensación indescriptible de crecer junto a mi hermano, al amparo de mis padres, el paso del tiempo con mi familia, con mis amigos. He sentido el amor, he creído en él, me ha abandonado y ha vuelto a mí para quedarse, tengo un hogar, tengo felicidad, tengo sueños que nunca acaban, tengo fe en las personas, tengo fe en el mundo y, lo que yo te pido, Esperanza, es que te quedes para siempre…

Si te vas, el recién nacido que abre los ojos por primera vez, será desdichado; la madre no le refugiará en sus brazos; el padre no será fuerte; el niño crecerá sin sueños, sin ilusión, sin fuerza para hacerse mayor; el que cae no se levantará; el enfermo no querrá superar su enfermedad, no tendrá fuerza, ni valor, ni forma de mitigar el dolor… Quien ama, no tendrá fe en ese amor que comienza a crecer; la historia acabará antes de empezar, no habrá sueños, solo promesas rotas, caricias que nunca se dieron, besos que murieron… No existirá hogar alguno para quien vive bajo el cielo, viendo cambiar el día al curso de sus horas; nunca acabará el hambre, la pobreza, el miedo y todo será el fin de muchos mundos.

Por eso, Esperanza, solo te pido que estés al lado de todos nosotros, que te buscamos, te llamamos, te pedimos, y siempre escuchas nuestras palabras dándonos confianza, alegría, fe… No quiero un mundo en el que no estés porque no quiero que se acabe el mundo y, si tú te pierdes para siempre, si dejas de estar, ¿qué más podemos perder?

Esperanza, se para siempre lo último que se pierde para no perderte nunca. Y quédate al lado de todos los que te necesitamos, porque no te vamos a abandonar.

Ahora soy una más de todos los que ya han escrito esta carta y no podría haber escrito un mensaje para tantas personas sin darme apenas cuenta. No sé quién tendrá ahora esta carta en sus manos pero, este es mi mensaje: desconocido, cree en la Esperanza, que ahora es tuya.

Hermione Granger

Esperanza: sé que últimamente el Mundo ha echado en falta tu presencia en cada rostro que solías iluminar, y que poco a poco se ha ido apagando. Muchos se han recreado en tu presencia, y algunos han desistido el tedioso acto de hallarte cada día; todos te buscan, pero últimamente, nadie parece encontrarte.

Es por eso que en esta carta que ha llegado hoy a mis manos como un llanto lleno del espíritu, pediré por ti. Pido por ti, Esperanza, para que cada día pintes más sonrisas y que viajes por todo lugar, para que ningún lugar de la Tierra pueda sentirse desamparado sin ti. Pediré por la fe en una paz restaurada en un Mudo inundado de guerras, pediré por todos los que se levantan cada día a luchar por una vida mejor que no se les podrá brindar.

Y así como hablo de Paz, hablo de Amor: que todos los que comparten su amor vivan eternamente en su abrazo y que los que carecen de él consigan llegar a conocerle alguna vez… Que la vida de quienes habitan en la oscuridad se colme del hálito de luz que les falta, que aquellos que sufren la enfermedad puedan encontrar el alivio necesario para poder vivir, que los nacimientos de los niños sean mayores que una nueva Esperanza crezca dentro de los niños, nuestro futuro… Y que este futuro sea próspero y tan brillante que nos ciegue; que nuestros hijos y nietos no tengan que vivir en una vida tan vacía que no parezca vida. Que exista una educación para todos los que deseen aprender, que la inspiración nunca se agote en el alma de todos los artistas que dan color al Mundo. Que la amistad prevalezca como un ángel protector sobre nosotros, y que nunca olvidemos que los sentimientos no son muestras de debilidad, sino de fuerza. Que todo el Mundo sea conocedor de la poderosa fuerza del amor que ha hecho posible tantas cosas a lo largo de los años. Que el calor invada a los cuerpos fríos que hace tanto tiempo que han dejado de querer sentir, y que el Sol nunca deje de brillar para aquellos que han perdido la fe. Que la fe nunca decaiga, que siempre se encuentre consuelo en ella, como encontramos consuelo en ti, querida Esperanza. Que no queden deseos sin cumplir. Que haya un Tiempo eterno para los que carezcan de él, y que nunca la Muerte llegue a nadie demasiado pronto. Que ningún niño tenga que llorar la pérdida de una madre, y que ninguna madre tenga que llorar la pérdida de un niño.
Pido esperanza a todos los hijos y nietos, para que sean fuertes frente a la dureza con la que el Mundo se les presentará. Pido ayuda a las personas a las que nunca se les brinda, y prosperidad en sus días.
Pido que se sacie el hambre y la sed, y justicia para que nadie tenga que rebajar su vida al punto de morir en vida, sólo por haber nacido. Que haya igualdad en esta Tierra que parece olvidar que todos somos humanos e iguales, y que nunca se olviden los errores de la Historia, pues si no los recordamos, estaremos condenados a volver a cometerlos como siempre hemos hecho. Que ninguna de las guerras que hemos vivido y estudiado no se entierren como si nunca hubieran sucedido, y que ninguna de las muertes acontecidas en ella sean olvidadas. Que ninguna de ellas sean en vano, y ningún sacrificio realizado en estas sea jamás ignorados. Que todos los héroes sean héroes, sin tener que perderlo todo. Y, en estos tiempos, volvemos a necesitar valor. Que haya valor y coraje en todos los corazones para que el bien siga reinando incluso cuando intentan destronarle… Esperanza para que gane la verdad, y para que gane la alegría sobre la tristeza.

Pido esperanza para quien esté leyendo esto y para todos los que han escrito antes que yo, para que nunca les falte Esperanza a pesar de haberla pedido y que nunca desistan en su búsqueda, como el tesoro que es y que todos anhelan.
Y ahora yo, humilde portadora de más tinta en el papel que alberga todos los deseos que has de cumplir, te pido, Esperanza mía, que sigas tan fiel a nosotros como nosotros lo hemos sido contigo. Dicen que eres lo último que se pierde, y es por eso que pido que nadie te deje ir antes de dejarse ir a sí mismo: pido que acompañes a todo ser durante toda la vida, hasta el momento de entregarla, para que nunca nadie tenga que vivir ni un segundo sin ti. Si eres, en verdad, lo último que perdemos, deseo no tener que pedirte nada, porque tú ya nos lo habrás dado todo…

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