Querida esperanza:
Te he encontrado, cuando no te buscaba. O quizás, me has encontrado tú a mí. O tal vez no nos hayamos encontrado ninguna de las dos, tan sólo he encontrado a las otras personas que, como todo el mundo, también te necesitan. He escuchado las voces de este lugar, todas las voces que te imploran aquellas cosas que aún tienen la esperanza de que se hagan realidad. Y he pensado que, la esperanza es algo que necesitamos para vivir, para seguir adelante, para continuar cuando ni siquiera sabes como seguir. Porque todos necesitamos la esperanza de creer que no podemos perder la esperanza, y que la necesitamos para seguir. Porque todos necesitamos la esperanza de que vamos a cumplir nuestros sueños, para poder hacerlos realidad. Y quizás sea fortuito que encontrara por casualidad a la esperanza, cuando sentía que ya la había perdido…
Y por eso te pido que nadie en el mundo pierda la esperanza, que al menos, les quede la esperanza de no perderla jamás. Que a nadie le rompan el corazón en pedazos tan pequeños que sea imposible repararlos, que a nadie se le olviden las promesas que juró cumplir, que nadie sufra por amar, que podamos aceptar que a quien tanto amamos, nos dejó de amar. Que todos sean capaces de comprender el dolor de todos, que no se juzgue la pena de nadie, ni el dolor de cada persona. Que podamos ser capaces de escuchar a quien no quiere hablar, de comprender a quien no se siente comprendido, de abrazar a quien siempre está sólo. Que los perdones no tengan tan buena memoria, que nos olvidemos de los rencores, que cuando alguien cierre la puerta para llorar, alguien la abra para secar sus lágrimas, que cuando alguien quiera estar sólo, otro se siente a su lado y le haga compañía. Que cuando alguien esté triste, alguien sepa verlo y le abrace, que cuando alguien no pueda hablar para contar algo, alguien lo sepa ver y lo cuente por él. Que no hayan más heridas por traiciones, ni más caídas por manos que no se ofrecen. Que todos podamos levantarnos porque tengamos a alguien que nos ayude a hacerlo. Que todos podamos amarnos sin miedo a ser odiados. Que nadie humille, maltrate, insulte ni dañe a nadie. Que todos respetemos a todos, se bese con quien se bese, se vista como se vista, rece a lo que rece. Que a nadie le culpen de cosas de las que no son culpables. Que a las personas no se las midan por tallas de ropa, ni se las valore por el maquillaje. Que se tiendan más manos que ropa, que se escuche más de lo que se oiga, que se hable más de lo que no se habla…
Que dejen de existir en los hospitales las plantas de cuidados paliativos. Que las madres no se mueran antes de ser ancianas. Que los padres nos duren toda la vida. Que los hermanos estén siempre a nuestro lado. Que los amigos sean siempre nuestros amigos. Que las discordias no se acaben con portazos, sino con abrazos. Que nos podamos poner en el lugar de nuestros enemigos y entender que no son tan diferentes de nosotros. Que a todo el mundo se le de la oportunidad de arrepentirse. Que tengan validez los borrones y cuenta nueva. Que se nos entienda incluso cuando nosotros no podemos comprendernos, que se entierren todas las hachas de guerra, que no nos curemos las heridas abriendo otras, que sepamos sanarnos las nuestras curando las de otros.
Y que toda la causa de la muerte, sea haber vivido. Que nadie tenga que contar sus días. Que los padres siempre encuentren el camino de vuelta a casa. Que las personas especiales no pasen tan rápido como algunos cometas. Que nadie encuentre dragones, y si los encuentra, sea capaz de domarlos. Que nadie se olvide de la vida. Que la vida no se cuente, se viva. Que todos cuidemos nuestra memoria, porque memoria somos. Que ninguna ciudad se quede sin su beso. Que nadie se olvide de nadie. Y que la muerte no exista, porque…
Etiquetas: Alice Carroll
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