Solía creer que había mucho por descubrir de un mundo tan lleno de todo y falto de nada. Y llegas a mí, en forma de palabras en un pergamino dotado de tanta esperanza como la que llevas en tu nombre. Muchas manos te han escrito ya, muchos te han encontrado, te han dejado ir, te han enviado lejos y cerca. Y ahora estás aquí, conmigo, viendo el tiempo pasar mientras yo te escribo. Muchos te han perdido, otros, nunca han creído en ti y, los que te perdieron, en algún momento se culparon de ilusos, ingenuos, débiles, por pensar en tu existencia inexistente. Y, sin embargo, aquí estás, para cambiar los pensamientos del mundo. Jamás pensé que encontraría una carta dedicada a ti y a todos, dirigida a quienes te pedimos tantas veces que estés a nuestro lado. Muchos te pintan de color verde, otros te cantan, otros recurren a ti entre lágrimas. Eres la última sonrisa de muchos labios, la primera mirada de muchos ojos. Estás en el pensamiento de quien desea algo, en quien teme perderlo, en quien lucha cada día de su vida. Formas parte de todas las horas de nuestro tiempo, como el día o la noche.
Dime, esperanza, tú que siempre estás ahí aunque no te pueda ver, ¿te quedarás para siempre?
Nunca te había dedicado una carta por muchas que sean las veces que haya recurrido a tu salvador abrazo. Te he llamado, te he dejado entrar en mi vida y me has envuelto con tus alas. Y ahora me dejas pedirte… No te voy a pedir por mí, te voy a pedir por todos y solo encuentro una manera de hacerlo, Esperanza:
Creo en las primeras miradas, desde el inicio de la vida en ese momento único en que unos ojos nuevos en este mundo nos ven por primera vez. Creo en el amparo de unos brazos maternales. Creo en el tiempo, que pasa por nuestras vidas convirtiéndonos en quienes somos, haciéndonos crecer, enseñándonos cuánto cambia la vida, lo duro que es hacerse mayor. Creo en levantarse incluso antes de tocar el suelo. Creo en la superación, en la fuerza para no caer, en la valentía para seguir adelante, en el escudo para superar el dolor, en esa sensación de triunfo al conseguir lo que tanto se desea. Creo en los primeros besos, en el amor llenando el alma, creo en una guerra de besos y caricias, en un sueño interminable sin golpes, sin desprecios. Creo en las promesas que no encuentran final, que son irrompibles, que se mantienen intactas. Creo en un hogar para todos, en la inexistencia del hambre, en la satisfacción de no necesitar dinero para poder seguir adelante. Creo en la felicidad, la fidelidad, la ayuda, la justicia… Creo en los demás. Creo en el fin de la enfermedad, la guerra, el maltrato, la mentira, la crueldad, la homofobia, el racismo, el abandono, el suicidio, la traición, el asesinato…
Creo en la renovación que siente cualquier persona que creía llegar al final de su vida y vuelve a nacer.
Soy madre, soy hija, soy hermana, soy amiga… Tengo en mi vida mucho de lo que muchos carecen y de lo que otros muchos quieren carecer. Estoy segura de que vi los ojos de mi madre al nacer. He visto esa mirada nueva abrirse al mundo, cuando tomé en mis brazos a mi hijo. He sentido esa sensación indescriptible de crecer junto a mi hermano, al amparo de mis padres, el paso del tiempo con mi familia, con mis amigos. He sentido el amor, he creído en él, me ha abandonado y ha vuelto a mí para quedarse, tengo un hogar, tengo felicidad, tengo sueños que nunca acaban, tengo fe en las personas, tengo fe en el mundo y, lo que yo te pido, Esperanza, es que te quedes para siempre…
Si te vas, el recién nacido que abre los ojos por primera vez, será desdichado; la madre no le refugiará en sus brazos; el padre no será fuerte; el niño crecerá sin sueños, sin ilusión, sin fuerza para hacerse mayor; el que cae no se levantará; el enfermo no querrá superar su enfermedad, no tendrá fuerza, ni valor, ni forma de mitigar el dolor… Quien ama, no tendrá fe en ese amor que comienza a crecer; la historia acabará antes de empezar, no habrá sueños, solo promesas rotas, caricias que nunca se dieron, besos que murieron… No existirá hogar alguno para quien vive bajo el cielo, viendo cambiar el día al curso de sus horas; nunca acabará el hambre, la pobreza, el miedo y todo será el fin de muchos mundos.
Por eso, Esperanza, solo te pido que estés al lado de todos nosotros, que te buscamos, te llamamos, te pedimos, y siempre escuchas nuestras palabras dándonos confianza, alegría, fe… No quiero un mundo en el que no estés porque no quiero que se acabe el mundo y, si tú te pierdes para siempre, si dejas de estar, ¿qué más podemos perder?
Esperanza, se para siempre lo último que se pierde para no perderte nunca. Y quédate al lado de todos los que te necesitamos, porque no te vamos a abandonar.
Ahora soy una más de todos los que ya han escrito esta carta y no podría haber escrito un mensaje para tantas personas sin darme apenas cuenta. No sé quién tendrá ahora esta carta en sus manos pero, este es mi mensaje: desconocido, cree en la Esperanza, que ahora es tuya.
Etiquetas: Rose Weasley
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