Nunca pensé que un día llegaría a mis manos una carta para pedir a la Esperanza. Pero aquí está, siendo escrita por mí para sumar más palabras a una misma palabra. Hoy pido esperanza para que nadie esté solo, para que te quedes a mi lado y al lado de los que sufren.
Pido esperanza para que todos los encuentros tengan un hallazgo especial, para que siempre recordemos la serendipia, lo que no esperábamos. Para que, tras un fracaso, llegue un nuevo éxito.
Dale esperanza a la mujer que ama en la oscuridad por temor, para que un hombre le salve. Dale esperanza al niño que no tiene padre, para que alguien pueda quererle aunque no tenga la misma sangre en sus venas. Entrégale tu esperanza al huérfano de madre, para que otros brazos maternales puedan ampararle. Entrégale esperanza a quien tiene miedo a las tormentas, para que siempre haya una luz más fuerte que las del cielo para abatir sus miedos.
Esperanza, para mí eres una mujer. Una deidad loada por todos. Eres una chica normal que no es normal porque la inmensidad reside en ti, que repartes tu esperanza por el mundo. Las mujeres llegan a hacer cosas inimaginables y, por eso, creo en ti, Esperanza.
Quédate al lado de los que sufren, de los que temen, de los que te buscan aunque no te encuentren. Quédate junto a los niños, para que sus miedos sean solo los monstruos y no alguien que les haga daño, para que su único temor sea la oscuridad y no la enfermedad, el dolor o la muerte. Ve junto a la mujer que sufre en una cárcel de silencio y sufrimiento encerrada por el hombre al que ama, quédate cuando los golpes duelan más que los recuerdos de lo que un día fue felicidad. No te vayas de al lado de los jóvenes que crecen, para que el alcohol o la droga, no sean sus mejores amigos.
Esperanza, quédate con los animales que necesitan dueño, con los mendigos que necesitan un hogar, con quiénes no dejan de viajar porque no encuentran su lugar, con quiénes te buscan sin encontrarte, con quiénes flaquean por miedo, con quiénes olvidan y no encuentran sus recuerdos…
Esperanza, ve a los lugares en guerra, acorta las distancias entre los que se aman, da tu fuerza a quienes se mantienen en pie en su lucha por más veces que caiga.
Esperanza, quédate conmigo. Hazme ver que estás aquí, que no te vas a ir porque tú siempre te vas cuando ya no queda nada. Recuérdame que sí soy valiente, que un fracaso puede traer mil victorias y que siempre podré levantarme y quedarme en pie por mucho que sea derrotado. Esperanza, no sueltes mi mano porque he perdido y te necesito. Hazme ver que siempre podré proteger a alguien, que puedo luchar, que no solo salvaré a mí hijo y a la mujer que amo. Hazme ver que el mundo puede cambiar mientras algunos creamos en ello.
Esperanza, dame tu fe para no perderte nunca.
Etiquetas: Stuart Carrington
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